Una sonrisa cuelga de su rostro, y hay ojeras bajo el cuenco de sus ojos. Se ve tranquila, y en su mirada lleva un paraíso; lleva mil sueños y algún que otro hechizo. Encandila al árbol de cristal, su misterio la convierte en criminal. ¿En cuantos trozos repartirá mi timidez? me hace sentir raro y creo que nadie mas la ve. Perdona si ya no escribo en prosa, me hizo olvidar de tal cosa, caería mi coraza si es que me fuese a mirar; no es que no tenga confianza, no la quiero molestar.
Me abduce en poesía y unos cantos de sirena, y la sueño escuchando Radiohead en el invierno.
Sus manos huelen a libros viejos, y se mira mucho frente al espejo... Como si no creyera en lo mismo que creo, como si no viese lo mismo que veo. En otro lugar la voy a encontrar, escribiendo lineas para hacerse inmortal. Me asombraré si la oigo cantar, y mas de uno me va a envidiar cuando pueda coincidir y borrar su labial, rojo, como sangre de pacto ancestral.
Puede que este delirando, nadie se fija en mis sombras. Cuando mi luz se apaga, la cobardía me desborda.
Esplendida, sin collares de perlas. Agitaba las frecuencias, robaba mis pertenencias. Esplendida, en la tierra dejaba sus huellas y se alejaba de lo terrenal. Que ironía, ¿quien diría? nunca la iba a abrazar... Porque aún no la conozco, y a ella le da igual...
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